La foto, pieza magistral del naciente arte fotográfico, forma parte de la colección de Ricardo B. Salinas Pliego. El simbolismo de la piedra azteca remite a las raíces de la mexicanidad tanto en su tiempo histórico como mítico.
Por la sombra del soporte basáltico, se puede deducir que la imagen fue tomada con luz matinal, luz del sol naciente que se encamina por la otrora Calzada de Tacuba, es decir, las actuales calles de Tacuba y Guatemala, para triunfar en su cenit sobre la capilla de Huitzilopochtli en el Templo Mayor.
En su entorno de transparencia y luminosidad, el monolito ritual luce doblemente imponente y enigmático. Sin embargo, poco a poco, en el devenir de las nuevas exploraciones, se alumbrarán ciertos misterios: el monumento funcionaba como una piedra de sacrificios, su posición votiva fue horizontal, la ornamentación simbólica es especialmente solar.
Ya en el siglo xx, hasta su llegada en 1964 a la sede actual, el monumento fue sometido a otras lecturas y revisiones por parte de varios investigadores que habrán de consolidar el significado solar y religioso de la celebérrima piedra.
Un gran vuelco ocurrirá precisamente ese mismo año de su arribo al Museo Nacional de Antropología cuando Carlos Navarrete y Doris Hayden afirman que la cara grabada al centro de la roca no es Tonatiuh (el Sol) sino Tlatecuhtli, señor o señora de la Tierra.
Desde entonces la discusión no ha cesado. Eduardo Matos Moctezuma, el incansable y lúcido expedicionario del Templo Mayor, insiste en la condición solar del monolito. Mientras Rubén Bonifaz Nuño enfatiza su representación antropomórfica a partir del rostro humano en el centro del monumento.
En la primera edición de Piedra de Sol (1957), tal vez el poema de mayor vuelo de Octavio Paz, el autor anota la correlación entre el número de versos de su pieza lírica (584) con el ciclo venusino de la cuenta de los antiguos mexicanos, abarcado entre el 4 Ollin y el 4 Ehécatl, fechas presentes en la roca circular tallada por los hombres y por el tiempo.
En sus días de rito, la Piedra del Sol tuvo colores –grana, añil y amarillo–, según los estudios minuciosos sobre restos de pigmentos en los poros del basalto. En la década del setenta su imagen adornó el hermoso billete de un peso del Banco de México; luego, durante la década de los noventa, parte del icono solar, reapareció en las monedas de diez pesos.
Vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
casa del mundo, casa de la muerte.
Octavio Paz
