Es mejor que te vayas.
Es la hora del propósito y falla la embestida.
Mi deber es mostrarme tal y como soy:
rumor brumoso entre olas sencillas,
bajo la tormenta de una amenaza elegante.
Tú, en cambio,
mantienes la textura satinada de la piel.
Viajas con el morral repleto, nuevo.
Con el fuego de lo dicho y lo nombrado.
Y esos olores asombrosos de la juventud,
que te hacen totalmente codiciable.
Yo, por mi parte,
Tengo todos mis buques en el agua.
Y dentro, abundante heno de desazón.
La madurez, sabes, es a veces una filiación muy rara.
De artificiales calles sin pueblo a los lados.
Por eso, es mejor si te vas. ¡Convéncete!
Anda.
Y no te reproches cuando partas.
Tú no necesitas mis caminos estrechos,
mis murmullos, mis silencios, mis fantasmas.
Dejemos que la euforia se quede en el amago.
Y no te preocupes si al salir tropiezas con una lágrima.
Puede ser de algún necio entristecido que no
Aprendió a pulir diamantes.
Por eso, anda, no te detengas,
estas cosas pasan.
