Cementerio de naves que en la orilla
de la difunta costa hace ilusiones.
Hay quejas que se van. Tablas heridas.
Es la muerte un crujir de caracoles.
Recalan laceradas por el frío.
Enfrentan el salitre. Embarcadero
de vetusta soledad. En las arenas
del perdido peñón de los olvidos.
Enfermedad de azules ondulados
con el beso terrible de los males.
Hospital de naufragios que derrama
espadas silenciosas de corales.
Un pedazo de vela me saluda.
El llanto es de metal. Ola enemiga.
El grito de la sal sin ecuaciones.
Ficticio cachemir que nada abriga.
Han de morir allí. Luto de luna.
Quietud que se disuelve en lo perverso.
Nostalgia transeúnte que susurra
la nota lastimera de sus sueños.
