ANTONIO MINO WEB

La monogamia entre las especies


Un estudio global midió la monogamia. El trabajo analizó registros genéticos y etnográficos de distintas épocas y regiones para trazar un mapa comparativo de los vínculos familiares, ofreciendo una mirada evolutiva sobre cómo se organizan las parejas y la crianza en sociedades humanas y otras especies. El análisis se llevó a cabo evaluando registros genéticos y etnográficos para determinar cómo evolucionaron las relaciones de pareja en nuestra especie.

Este trabajo se diferencia de estudios antropológicos previos, ya que compara directamente la estructura familiar humana con la de mamíferos como los suricatas, castores, lobos y zorros. Los resultados sitúan a los humanos en el séptimo lugar entre 11 especies catalogadas como “socialmente monógamas”, que muestran preferencia por vínculos de pareja a largo plazo. El estudio fue publicado en la revista Proceedings of the Royal Society: Biological Sciences.

A través de un modelo computacional, Dyble mapeó patrones genéticos y datos de campo recientes para estimar grados de monogamia en distintas poblaciones. Las especies con altos índices de monogamia generan principalmente hermanos que comparten padre y madre; en cambio, las especies con apareamientos polígamos tienden a producir más medios hermanos

El hallazgo central apunta que la tasa humana de hermanos completos se solapa con la observada en mamíferos considerados monógamos sociales. Según Dyble, esto respalda la idea de que la monogamia es el modo dominante de apareamiento en nuestra especie.

El estudio también muestra variaciones culturales: si bien la monogamia predomina globalmente, existen comunidades preindustriales donde el matrimonio poligínico es frecuente. Por ejemplo, el 85% de las sociedades preindustriales permitía que un hombre tuviera varias esposas.

La diversidad en las prácticas matrimoniales humanas es considerable. Dyble utilizó datos genéticos provenientes de excavaciones en cementerios de la Edad de Bronce en Europa y asentamientos neolíticos en Anatolia, así como registros de más de 90 sociedades actuales.

Esto permitió comparar a los humanos con animales como el gibón de manos blancas, cuya tasa de hermanos completos llega al 63,5%, y el tamarino bigotudo, con un 78%. Los castores, considerados altamente monógamos, presentan tasas del 73%, superando ligeramente a los humanos.

En cambio, según precisó BBC, los chimpancés y los gorilas, primates cercanos, evidencian cifras notablemente menores. El porcentaje de hermanos completos es del 4% para los chimpancés y del 6% para los gorilas de montaña, ubicándolos junto a especies de delfines y macacos en el extremo opuesto de la escala. Esto sugiere que la tendencia a formar parejas estables en los humanos es resultado de una evolución particular.

La hipótesis principal plantea que la monogamia tuvo un papel relevante en la evolución de la cooperación social humana. El paso de comunidades polígamas, predominantes en ancestros de gorilas y chimpancés, a estructuras más monógamas fue poco común en la historia evolutiva de los mamíferos.

El estudio también señala casos excepcionales de mamíferos con estructuras sociales complejas, como las especies de lobo y zorro, donde la convivencia en grupos y la crianza cooperativa se asocian a grados de monogamia elevados.

El análisis arroja que el ratón ciervo de California ostenta la monogamia más estricta, con un 100% de hermanos completos. Por el contrario, la oveja Soay de Escocia tiene apenas un 0,6%, debido a sus sistemas de múltiples apareamientos.

Dyble destaca que la diferencia fundamental del ser humano radica en la combinación de grupos sociales extensos y vínculos exclusivos de pareja. “Mientras casi todos los mamíferos monógamos viven en unidades familiares pequeñas, los humanos se integran en sociedades complejas donde múltiples miembros tienen descendencia”, señala el antropólogo.

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