— “Nos metimos en la cama y él me besó y luego se puso a…Resultó atrozmente doloroso. Casi al instante desarrollé un dolor de cabeza como ningún otro que hubiera experimentado nunca”.
Luego continúa contando:
— “No tenía idea de cómo iba a suceder, puesto que en toda mi vida yo solamente había besado a dos chicos y a ningún hombre. No hubo decisión alguna. Él me llevó a su habitación y yo no hice ninguna pregunta mientras él me quitaba la ropa. Yo no tenía ningún marco de referencia, no sabía de qué otra podía suceder aquello, pero no fue una escena particularmente romántica”.
Las impactantes revelaciones de Joyce, sumado al manojo de cartas que ambos intercambiaron, confirman la misteriosa vida del escritor que en su momento fuera el más popular de los Estados Unidos.
J.D. Salinger era un hombre excéntrico. Odiaba la notoriedad, al mundo, el convencionalismo social. Prácticamente rechazaba todo lo que no cumpliera con su código de conducta. El escritor pasó diez años escribiendo su obra cumbre “El guardián entre el centeno" (The Catcher in the Rye) y el resto de su vida disgustado con lo que había escrito. Dicen que la publicación de la novela le distorsionó la vida. Sobre todo porque el libro ha sido fuente de inspiración de varios asesinos.
La obra inspiró a Mark David Chapman a matar a John Lennon. A John Hinckley a dispararle al presidente Ronald Reagan. A Robert O. Wickes a vestirse de militar, matar al director de un colegio y tomar de rehenes a otros 18 jóvenes. A Robert Jonh Bardo a asesinar a la actriz Rebeca Scheffer, estrella de la serie My sister Sam. Y a Arthur Bremen a protagonizar un atentado contra George Wallace.
Por ejemplo, cuando Mark David Chapman mató a John Lennon “El guardián entre el centeno” fue usado en su defensa. Según el abogado la novela lo condujo a cometer el crimen. Durante el juicio Chapman apuntó que Dios le había concedido un voto de confianza para convertirse en Holden Caulfield, protagonista de la obra. Luego recitó frases de Holden que se había aprendido de memoria. En el testimonio final explicó que ya no tenía existencia propia, que su ser verdadero lo había encontrado en la novela.
Es bueno aclarar que estos incidentes no le restan valor literario a la obra. Por algo es uno de los libros más vendidos del mundo. Se comercializaba a razón de quinientos mil ejemplares por año.
John Hinckley el hombre que atentó contra el presidente Ronald Reagan guarda cierta similitud con Chapman. Al ser apresado indicó que si querían oír su defensa lo único que debían hacer era leer “El guardián entre el centeno”. Él había desarrollado una obsesión por la actriz Jodie Foster y decidió que, para ganarse su corazón, debía matar al presidente de Estados Unidos.
La polémica novela narra en primera persona la vida de Holden Caulfield. Un adolescente rebelde, muy inteligente. La obra capta todas sus contradicciones. Dando la sensación que la impotencia social del joven es la que ha impulsado el desequilibrio en algunas personas. Lo que resulta fácil para un joven identificarse con el personaje.
Hay que puntualizar que la novela rebasó la vida personal de J.D. Salinger. Por eso su comportamiento fue de lo incomprensible a lo censurable. Es sumamente difícil pasar de ser un desconocido a ocupar el pedestal del escritor más impactante de Estados Unidos. Los historiadores aseguran que su propio mito lo derrumbó.
Apenas saltó a la fama — fama que nunca deseó —, se mudó a una casa de campo sencilla, solitaria, casi inaccesible. No dio más entrevistas, no volvió a viajar y así pasó sus últimos 50 años de vida. Allí se sentía a salvo del acoso de la prensa.
¿Pero cuáles eran sus traumas, sus manías, sus obsesiones? ¿Cómo vivió su soledad en esa etapa de la vida? ¿Qué hacía en aquel autoexilio con tantas contradicciones y el asedio de la prensa que no le daba tregua? La clave se encuentra en las revelaciones de Joyce Maynard, la jovencita de 18 años que justamente lo acompañó en esa etapa de aislamiento.
La amistad entre ambos comenzó cuando Maynard, que aún no había cumplido los 18 años, publicó un artículo en el New York Times acompañado con su foto. El escrito fue demasiado polémico y causó un gran revuelo. Como respuesta recibió centenares de cartas ofensivas. Excepto una, la de J. D. Salinger. Algo que para ella resultó muy halagador. Porque un escritor como él, que no daba entrevistas ni se dejaba ver, había comentado su artículo. El gesto la conmovió sobremanera.
La polémica novela narra en primera persona la vida de Holden Caulfield. Un adolescente rebelde, muy inteligente. La obra capta todas sus contradicciones. Dando la sensación que la impotencia social del joven es la que ha impulsado el desequilibrio en algunas personas. Lo que resulta fácil para un joven identificarse con el personaje.
Hay que puntualizar que la novela rebasó la vida personal de J.D. Salinger. Por eso su comportamiento fue de lo incomprensible a lo censurable. Es sumamente difícil pasar de ser un desconocido a ocupar el pedestal del escritor más impactante de Estados Unidos. Los historiadores aseguran que su propio mito lo derrumbó.
Apenas saltó a la fama — fama que nunca deseó —, se mudó a una casa de campo sencilla, solitaria, casi inaccesible. No dio más entrevistas, no volvió a viajar y así pasó sus últimos 50 años de vida. Allí se sentía a salvo del acoso de la prensa.
¿Pero cuáles eran sus traumas, sus manías, sus obsesiones? ¿Cómo vivió su soledad en esa etapa de la vida? ¿Qué hacía en aquel autoexilio con tantas contradicciones y el asedio de la prensa que no le daba tregua? La clave se encuentra en las revelaciones de Joyce Maynard, la jovencita de 18 años que justamente lo acompañó en esa etapa de aislamiento.
La amistad entre ambos comenzó cuando Maynard, que aún no había cumplido los 18 años, publicó un artículo en el New York Times acompañado con su foto. El escrito fue demasiado polémico y causó un gran revuelo. Como respuesta recibió centenares de cartas ofensivas. Excepto una, la de J. D. Salinger. Algo que para ella resultó muy halagador. Porque un escritor como él, que no daba entrevistas ni se dejaba ver, había comentado su artículo. El gesto la conmovió sobremanera.
Posteriormente continuaron intercambiando misivas (cada vez más íntimas) hasta que se conocieron en persona. Cuando se encontraron la adolecente quedó flechada. Tanto así que dejó sus estudios universitarios, renunció a su puesto en el New York Time y se fue a vivir con Salinger en su casa de campo.
— "Ahora releyendo las cartas que me mandaba, me doy cuenta de que Salinger tenía una poderosa seducción emocional e intelectual, de efectos devastadores"— confiesa Joyce Maynard en su libro.
Y agrega:
— “Quería estar con él todo el tiempo. Empecé a sentir que lo que requería la relación era que yo estuviera con él todo el tiempo”.
— "Ahora releyendo las cartas que me mandaba, me doy cuenta de que Salinger tenía una poderosa seducción emocional e intelectual, de efectos devastadores"— confiesa Joyce Maynard en su libro.
Y agrega:
— “Quería estar con él todo el tiempo. Empecé a sentir que lo que requería la relación era que yo estuviera con él todo el tiempo”.
En su autobiografía "At Home in the World" narra también varios detalles íntimos de la turbulenta relación.
—“La casa no tenía nada especialmente elegante ni lujoso. Había libros amontonados por todas partes. Películas amontonadas por todas partes. Nos levantábamos temprano. Lo primero que hacíamos era comernos cada uno un cuenco de guisantes tiernos congelados marca Birds Eye, sin cocinar, solamente echándoles agua tibia por encima para que se descongelaran y estuvieran únicamente fríos. Tenía un libro titulado Food is Your Best Medicine que él seguía a pies juntilla.”
Y añade:
— “Yo me quitaba las lentillas, entraba en el dormitorio, me quitaba los vaqueros y la ropa interior y me ponía un camisón largo de franela. Luego entraba él, se desnudaba, se ponía la camisa de dormir y se metía en su lado de la cama. Él me buscaba los hombros con la mano. Me acariciaba el pelo, luego me cogía la cabeza con una firmeza sorprendente y me llevaba debajo de las mantas que olían a detergente. Cerraba los ojos y me caían lágrimas por las mejillas. Sin embargo, yo continuaba. Sabía que mientras yo siguiera haciendo aquello, él me querría.”
— Un día oí que sonaba el teléfono y, como tenía prohibido cogerlo bajo ningún concepto, me quedé escuchando como Jerry contestaba y tenía una conversación muy breve seguida de un clic. A continuación salió de su despacho con una furia en la cara que yo no había visto nunca en ninguna parte y me dijo: — La revista TIME tiene mi número. Me has arruinado la vida”
Y concluye:
— “Durante todo aquel periodo, aunque las cosas cada vez pintaban peor, jamás me planteé marcharme. Jamás me imaginé que la relación se acabaría”.
No obstante, se sabe que un día Salinger la botó de su casa y la relación concluyó. Porque según el escritor su amante había violado las reglas. La revista TIME había descubierto su número por su culpa. Algo que para el escritor era más grave que un tornado.
Después de la ruptura pasaron muchos años para que Joyce Maynard decidiera escribir sus memorias.
— “Me di cuenta de que aquel era el paso decisivo que me permitiría escribir mi libro: el hecho de asumir que no tenía nada de qué avergonzarme. Daba igual que otra gente pensara distinto. Yo contaría la historia que había vivido”.
Las cartas de Maynard fueron puestas en subasta y vendidas en 156 mil dólares. Peter Norton, un millonario del mundo del software y coleccionista de artes, las compró todas y se las devolvió al escritor que tanto admiraba.
Salinger nació en Nueva York en 1919 en el seno de una familia acomodada. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército y sirvió como suboficial de inteligencia. Se casó tres veces. Tuvo dos hijos: Margaret y el actor Matt Salinger. Falleció de muerte natural el 27 de enero de 2010.

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