ANTONIO MINO WEB

Cuando la novia del jefe fue tu amante


Mi amigo Julio está en problemas. Me cuenta que el jefe presentó a la novia. Que en ese momento respiró hondo. Una vez. Dos veces. Queriendo que se lo tragara la tierra. Dice que cuando al fin logró acomodar unas palabras con voz quebrada sólo pudo decir:

— Bienvenida señorita.

Comenta que sus manos temblaron como si sostuviera un secreto demasiado pesado. Mientras su mente era una fábrica de catástrofes. Sintió que el mundo se le hacía pequeño. Entonces recordó a su abuela cuando le decía «El miedo camina tan rápido que nunca sabemos adónde va a parar».

Ante una situación tan delicada ahora no sabe qué decidir. Si decirle la verdad a su jefe o callar. Y se pregunta ¿qué gano y qué podría perder si lo cuento todo? Decir verdad podría generar un ambiente muy tenso, chismes, conflictos y hasta problemas para mantener su empleo. Además, la gente lo cuestionaría: ¿Lo habla por justicia, por enojo o por despecho? Y por el contrario, no decir nada, pudiera ser una ingratitud.

Su jefe le dio la mano cuando más lo necesitaba. Lo trata como familia. Confía en él. Incluso cuando murió su madre estuvo todo el tiempo a su lado y le ayudó con los gastos. La situación es tan delicada que no hay una respuesta perfecta, solo decisiones difíciles. Porque aunque la relación con esa mujer terminó, no fue algo pasajero.

Hasta ahora ha decidido separar lo personal de lo profesional. Porque si fue una relación pasada y terminó, y ahora el jefe la presenta formalmente como pareja, quizás lo más prudente sea mantener el profesionalismo y no decir nada. Piensa que el trabajo no suele ser el mejor sitio para revelar historias personales y que echar el cuento podría traerle más problemas que soluciones. ¿Pero cuánto aguantará a la presión de la conciencia?

Julio me ha pedido una opinión pero no me atrevo. Es algo tan personal. Tan solo le señalé que lo que le va a pesar en el futuro no es su actitud, sino el peso del silencio. A pesar de que fue algo que terminó y no hay intención de repetirlo. A veces remover el pasado sólo destruye y no repara nada. El silencio también puede ser una forma de asumir responsabilidad, pues hay que vivir con esa carga y no es fácil.

En algunas ocasiones decir la verdad es el camino más honesto, pero también el más destructivo. En este caso Julio podría perder su trabajo, su relación y la confianza de alguien que lo apoyó cuando más lo necesitó.

La verdad libera, es cierto, pero también tiene consecuencias. En muchos casos cuando algo pertenece al pasado y no continúa, la decisión más madura es no volver a mover la tierra y asumir la tortura de callar.

— El silencio es un amigo que jamás traiciona” — decía Confucio


(NOTA: Julio es un seudónimo para preservar su identidad)


EL SONIDO DEL SILENCIO




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