La investigación, publicada en Cell Reports Medicine, es liderada por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado, y propone un enfoque inédito: frenar la pérdida de neuronas con una sustancia ya presente en el cuerpo humano, lo que abriría la puerta a terapias más seguras y accesibles.
El estudio centra su atención en la progranulina, una proteína natural clave para la supervivencia neuronal. Los científicos lograron diseñar un fármaco a partir de esta proteína que, en modelos animales, logró frenar de forma significativa la muerte de neuronas en etapas tempranas del Alzheimer. Esta intervención no detuvo la formación de placas amiloides, pero sí interrumpió el proceso de autodestrucción neuronal.
El hallazgo podría cambiar la narrativa predominante en torno a las terapias anti-Alzheimer, muchas de las cuales han fracasado por enfocarse únicamente en las placas y ovillos neurofibrilares. La muerte neuronal —no las placas— es la más correlaciona con la pérdida de memoria y deterioro cognitivo.
La progranulina es una proteína con funciones múltiples en el cuerpo humano, incluyendo la modulación de la inflamación, la promoción del crecimiento celular y la protección neuronal. Los niveles bajos de progranulina se han relacionado previamente con demencias frontotemporales.
Según los investigadores, al administrar versiones modificadas de esta proteína —conocidas como granulinas— lograron reducir el estrés celular y disminuir la activación de las vías de muerte neuronal programada, como la necroptosis, que se acelera con la edad.
El nuevo enfoque, basado en mecanismos de protección celular endógenos, podría inaugurar una nueva generación de tratamientos menos invasivos y más fisiológicamente integrados.
Pero mientras los ensayos clínicos llegan y la ciencia da su veredicto final, es fundamental que las personas interesadas en tratamientos naturales o emergentes consulten con un médico especialista. El cuerpo humano es sabio, pero no infalible. Y la mente, más que nunca, necesita ciencia.
