ANTONIO MINO WEB

Las cartas secretas entre Juan Pablo II y Anna Teresa


La historia está reflejada en más de trescientas cincuenta cartas. En una la mujer le dice: “Te pertenezco”. Las misivas fueron encontradas en la Biblioteca Nacional polaca. Los intercambios ocurrieron entre Anna-Teresa, filósofa, casada con un economista de Harvard con quien tuvo tres hijos y Wojtyla, cardenal entonces.

Lo curioso del epistolario es que no hay rastro alguno de las cartas de cuando Wojtyla era vicario de Cristo. O fueron destruidas, o se perdieron, o fueron vendidas a algún coleccionista que todavía no las dio a conocer, según los expertos.

La historia dio inicio cuando el entonces cardenal Karol Wojtyla inició en 1973 la correspondencia con Anna-Teresa Tymieniecka. El intercambio de correspondencia se extendió durante más de tres décadas. Las cartas, conocidas años después, revelaron un vínculo que ha sido definido como “más que amigos, menos que amantes”

También sucede que a veces nada es lo que parece ser. Todo es relativo o tal vez no. No obstante, la historia envuelve la duda, el desconcierto y cierta confusión. Como un romance adolescente cuando el tiempo hace lo suyo. O como aquellos amores tardíos a los que los años postergó para el futuro.

La iglesia alega que no fue una historia de amor, aunque lo haya parecido. Fue simplemente la historia de una “intensa amistad" entre una polaca - estadounidense casada y el arzobispo de Cracovia, Polonia, quien sería luego el Papa Juan Pablo II, hoy un santo de los altares. La amistad se extendió por treinta y dos años hasta la muerte del Papa. Ella honró la relación hasta su desaparición. 


La relación amistosa no debería tener nada de extraño. Lo que llama la atención son las cartas, tal vez llenas de intenciones, que ambos intercambiaron por más de tres décadas. Una parte que llama poderosamente la atención:

— “Buscaba desde el año pasado una respuesta para estas palabras tuyas: ‘Te pertenezco’. Y finalmente, antes de dejar Polonia, encontré un camino: un escapulario. Con él demuestro la dimensión en la que te acepto y te siento en todo tipo de situaciones, cuando estás cerca y cuando estás lejos”.

Las dos vidas estuvieron atravesadas por la guerra. Los estudios iniciales de Wojtyla acabaron en 1939 porque los nazis, después de invadir Polonia, deportaron o asesinaron a la mayoría de los docentes polacos. Ella, por su parte, se integró a un grupo de jóvenes católicos que resistían en donde se encontraba el Wojtyla.

En 1942 Wojtyla ingresó al seminario y fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946. Más tarde fue a estudiar a Roma donde se ganó el doctorado en Sagrada Teología. En 1958 el papa Pío XII lo consagró obispo auxiliar de Cracovia. En 1962 participó del Concilio Vaticano II lanzado por el papa Juan XXIII. En enero de 1964 el papa Paulo VI lo nombró arzobispo de Cracovia y lo hizo cardenal el 26 de junio de 1967, el segundo más joven de su época: tenía cuarenta y siete años.

Cuando Anna-Teresa regresó a Estados Unidos empezó a cartearse con el cardenal Wojtyla. La primera carta está fechada en 1973. Es una respuesta a una carta de ella. Formal y discreta. Posteriormente, con el correr de los meses, la relación epistolar se hizo más intensa.

El sacerdote y periodista Adam Boniecki. Que durante años dirigió el órgano oficial de prensa del Vaticano, “L’Osservatore Romano” y luego fue editor del prestigioso semanario católico polaco “Tygodnik Powszechny” reveló hace algunos años:

— “Algunas mujeres a veces suelen enamorarse de sacerdotes; esto siempre plantea un problema. Si ella (Anna-Teresa) estaba enamorada del cardenal Wojtyla no era tal vez la única en estarlo”.

La última de sus cartas a Anna-Teresa fue enviada por Juan Pablo II meses antes de morir, en abril de 2005. Las misivas fueron reveladas en 2016 por la BBC.
 

Uno de sus periodistas, Edward Stourton, definió la relación entre ambos con la finura, la esbeltez y la elegancia de un espadachín florentino, y acaso con su mismo filo:

— “Ambos fueron más que amigos, pero menos que amantes”.

Un amigo de Anna-Teresa, George Hunston Williams, profesor del seminario protestante de la Universidad de Harvard, amigo de Anna, escribió:

—“Hacían largos paseos, hablaban de filosofía y a la noche iban juntos a nadar. La verdad es que cuando estaban juntos desarrollaban una energía erótica no practicada”.

Poco después de ocupar el trono de Pedro, Juan Pablo II escribió a Anna-Teresa:

—“Te escribo tras el evento, para que la correspondencia entre nosotros continúe. Prometo que en esa nueva etapa de mi viaje recordaré cada cosa”.

Anna-Teresa y Juan Pablo II se vieron hacia el final de los días del papado. Se tomaron fotos y en una de ellas se ve una ternura devastadora. Fue en un recinto monástico, casi vacío, presidido todo por un crucifijo enorme en donde se ve a un hombre y a una mujer ya viejos, castigados sin piedad por la edad. El Papa apoyado en un bastón. Anna-Teresa viste de negro, perdida ya la esbeltez de sus años jóvenes. Si algo más pasó, sólo Dios lo sabe.

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