Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, decía: “Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso”. La máxima sobre la vulnerabilidad ante el halago hoy resuena con fuerza en la psicología contemporánea, ya que funciona como una advertencia sobre los mecanismos de defensa del yo. A la vez subraya la dificultad para mantener un equilibrio saludable entre la autoimagen y la valoración intencionada.
Freud dejó una huella indeleble en la cultura del siglo XX. Sobre todo por los fundamentos del psicoanálisis que permitieron concebir la idea de que los desórdenes psicológicos podían tener un origen mental y no meramente fisiológico. En gran parte por el efecto de las palabras. Tanto en la infancia como en la madurez.
La teoría freudiana estructuró la mente en un modelo tripartito: el Ello, regido por el principio del placer; el Yo, que media con la realidad; y el Superyó, que encarna las normas morales. Esta división no solo pretendía aliviar sufrimientos, sino servir como un lente para interpretar nuestra cultura.
Hoy en día es muy común escuchar la frase “El halago debilita la personalidad” partiendo de una interpretación libre sobre el concepto freudiano. Ya que es muy sencillo caer en la red del halago. No obstante, no es menos cierto que las personas también necesitan recibir algún refuerzo positivo para apuntalar la autoestima. Obviar esta necesidad humana de reconocimiento supone renunciar a la palanca más potente de la motivación.
Lo inteligente es saber la intención de las palabras que no llegan del exterior. Poder diferenciar el elogio sincero del que tiene como único objetivo la manipulación. La dificultad más grande para esta diferenciación las tendrán siempre las personas que viven necesitadas de reconocimiento. Son ellas las que deben utilizar las decenas de herramientas que nos ofrece la psicología para saltar dichos obstáculos. De las cuales hablaremos en el futuro. Concluyo con una frase de Norman Vincent Peale:
“El problema de la mayoría de nosotros es
que preferimos ser arruinados por los
elogios que ser salvados por las críticas.”
