Las relaciones entre Octavio Paz y Pablo Neruda fueron muy difíciles en el plano personal. Aunque al principio privó el respeto y la admiración. Por ejemplo, en “Confieso que he vivido” Neruda alude a la llegada de Paz a España para participar en un Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, por una gestión suya:
«En cierto modo me sentía orgulloso de haberlo traído: había publicado un solo libro que yo había recibido hacía dos meses (Raíz de hombre) y que me pareció contener un germen verdadero. Entonces nadie lo conocía»
Por su parte Paz mostraba su disgusto con el poeta chileno de la siguiente manera:
“A medida que él se hacía más y más estalinista yo me desencantaba de Stalin. Acabamos por pelear — casi a golpes — y dejamos de hablarnos. Escribió algunas cosas no del todo simpáticas sobre mí, incluyendo un odioso poema. Yo le respondí con vituperios parecidos.”
Neruda se excluyó de la antología moderna en lengua española que Paz publica en 1941 con el título de “Laurel”. Este hecho, hizo montar en cólera a Octavio Paz quien, en el calor de una discusión, le dirigió hasta un puñetazo al mentón que Neruda logró esquivar.
La escritora mexicana Elena Poniatowska cuenta al respecto:
«Una semana después de la aparición de “Laurel” Paz asiste a una cena en honor a Neruda; el encuentro termina casi a golpes cuando Neruda lanza "una interminable retahíla" de injurias en contra de Laurel”. En esa oportunidad Paz tildó a Neruda de "stalinista" y "ególatra" mientras que Neruda lo llamó "poeta traidor".
En un escrito Octavio Paz evidencia el trasfondo del asunto:
«Su literatura está contaminada por la política, su política por la literatura y su crítica es con frecuencia mera complicidad amistosa, y así, muchas veces, no se sabe si habla el funcionario o el poeta, el amigo o el político [...] Neruda no representa a la Revolución de Octubre; lo que nos separa de su persona no son las convicciones políticas sino, simplemente la vanidad y el sueldo»
Neruda, en tiempos de embajador en París, insultó al mexicano de forma exagerada: «a todos los demonios del infierno de los reaccionarios, de los pedantes, de los malos poetas»
Me atrevería a decir que Pablo Neruda es tal vez el poeta más amplio de su generación. No obstante, en cada poema del mexicano, aun en los más simples, desborda la libertad como elemento básico. Además de su capacidad de fusionar el amor con la reflexión filosófica.
Libertad bajo palabra (Octavio Paz)
Viento.
Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.
Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.
Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire
siempre de viaje…
Barrio sin luz (Pablo Neruda)
¿Se va la poesía de las cosas
o no la puede condensar mi vida?
Ayer -mirando el último crepúsculo-
yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.
Las ciudades -hollines y venganzas-,
la cochinada gris de los suburbios,
la oficina que encorva las espaldas,
el jefe de ojos turbios.
Sangre de un arrebol sobre los cerros,
sangre sobre las calles y las plazas,
dolor de corazones rotos,
podre de hastíos y de lágrimas.
Un río abraza el arrabal
como una mano helada que tienta en las tinieblas:
sobre sus aguas se avergüenzan
de verse las estrellas.
Y las casas que esconden los deseos
detrás de las ventanas luminosas,
mientras afuera el viento
lleva un poco de barro a cada rosa.
Lejos… la bruma de las olvidanzas
-humos espesos, tajamares rotos-,
y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
los bueyes y los hombres sudorosos.
Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
mordiendo solo todas las tristezas,
como si el llanto fuera una semilla
y yo el único surco de la tierra.
