A pesar de su gran éxito, la noche del 22 de febrero de 1942 tomó la firme decisión de suicidarse junto a su esposa. Ambos ingirieron un veneno fulminante y fueron encontrados abrazados en la cama, junto a los dos vasos de los que habían bebido. También encontraron una nota y algunos apuntes dirigidos a amigos.
Stefan Zweig nació en Viena, Austria, el 28 de noviembre de 1881, pero posteriormente adquirió la ciudadanía británica. Desde allí escribió estudios históricos famosos como Honoré de Balzac, Charles Dickens y Fiódor Dostoyevski entre otros. Pero, indiscutiblemente, sus obras que estremecieron la literatura en los años 20 y 30 fueron las biografías de María Estuardo y Fouché. Ambas mitad biografía y mitad novela histórica.
Aunque era judío, Stefan Zweig se consideraba un europeo típico. Su infancia, adolescencia y juventud coincidieron con el período más pacífico, próspero y floreciente de la historia europea. Una época dorada en donde todo funcionaba y progresaba con su orden inherente. La gente mantenía una actitud optimista y Viena era la «capital musical» más codiciada del mundo.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Zweig tenía casi 58 años. Se vivía probablemente la etapa más oscura de la Segunda Guerra Mundial. Alemania había invadido la Unión Soviética y Japón había atacado la base de la Flota del Pacífico de Estados Unidos en Pearl Harbor. Siendo judío, Zweig tuvo que huir de su patria y se exilió Brasil.
De ahí que al analizar la causa de la muerte de Zweig, no podemos ignorar su identidad judía. Sin embargo, su decisión de suicidarse no se debió únicamente a este factor. Antes de su muerte, Zweig dejó una nota en la que afirmaba claramente que abandonaba la vida voluntariamente y con plena consciencia porque «el mundo de mi lengua se ha hundido y desaparecido para mí, y mi patria espiritual, Europa, se ha autodestruido». O sea, se sintió sin fuerza emocional para continuar. Se encontraba desesperado al perder Europa, su "patria espiritual".
La autobiografía de Zweig, “El mundo de ayer” , que envió a su editor el día antes de su suicidio, es en realidad una "nota de suicidio" más detallada. Algunos incluso afirman que estas memorias son "la nota de suicidio más larga de la historia de la literatura". En una parte decía:
— "Durante cuarenta años he dedicado toda la fuerza de mi fe a este único deseo: la unificación espiritual de Europa. Temía la guerra de los seres humanos entre sí más que a la muerte misma, y esta segunda vez ha estallado, y con todo mi ser creo apasionadamente en la unidad de la humanidad y del espíritu, me siento impotente en este momento de su colapso más espantoso, en un momento en que necesita la unidad inquebrantable más que nunca. Me siento más solo que nunca".
Y puntualiza:
— “Para empezar todo de nuevo un hombre de 60 años necesita poderes especiales y mi propio poder se ha desgastado después de años de vagar sin asiento. Por eso prefiero terminar mi vida en el momento adecuado, justo, como un hombre para quien su trabajo cultural fue siempre la más pura de sus alegrías y también su libertad personal — la más preciosa de las posesiones en este mundo.
— Dejo saludos a todos mis amigos: quizá ellos vivan para ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, más impaciente, me voy antes que ellos.”
